Para conseguir que nuestro cuerpo esté nutrido correctamente, hemos de esmerarnos en mantener una alimentación variada y equilibrada que incluya diariamente todos los grupos de alimentos y en las proporciones adecuadas. Sin embargo, en determinadas situaciones sometemos a nuestro organismo a un sobreesfuerzo físico o psíquico (embarazo, lactancia, envejecimiento, sobrepeso, tabaquismo, deporte, estrés psíquico...). Y van apareciendo, con el paso del tiempo, el cansancio y la sensación de fatiga. En los casos en que la alimentación diaria, frecuentemente desequilibrada, no cubre las necesidades de energía y nutrientes, podemos considerar la posibilidad de ingerir suplementos específicos que complementan la deficiencia concreta, siempre bajo el asesoramiento de un profesional cualificado que nos informe de si realmente tenemos necesidad de esos complementos alimentarios. De esta manera, evitaremos caer en el hábito de la suplementación o, en el peor de los casos, de la sustitución indebida de alimentos. No hemos de olvidar que se trata de complementos de la alimentación, y no de sustitutos de esta. Los posibles efectos beneficiosos sobre el organismo se comprueban tras la realización de un tratamiento serio durante el periodo de tiempo estimado para cada caso, que dependerá del estado inicial de cada persona. Los suplementos o complementos dietarios son productos constituidos por nutrientes o por asociación de nutrientes, que están destinados a suministrar elementos esenciales que resultan pobremente incorporados a través de la dieta usual tales como: vitaminas, minerales, aminoácidos, fibras dietarios, proteínas, etc.